Los Búffalos…..y sus leyendas

EL ORIGEN DE LOS BÚFFALOS

Una leyenda Cheyenne

Hace mucho tiempo una tribu de cazadores Cheyenne, vivía en la cabecera de un torrente, que finalmente desembocaba en una gran cueva.

Debido a la gran necesidad de suministro, de nuevos alimentos para su pueblo, el Jefe convocó al consejo a una reunión.

“Debemos explorar la cueva grande”, dijo a su pueblo. “¿Cuántos valientes cazadores se ofrecen para ir a esta aventura? Por supuesto, puede ser muy peligroso, pero tenemos cazadores valientes.” Nadie respondió a la petición del Jefe.

Por último, un valiente joven guerrero, se adelantó en respuesta al Jefe y dijo – “Voy a ir yo, seré yo, quien se sacrifique por nuestro pueblo si es necesario”.

Llegó a la cueva, y cual fue su sorpresa, al encontrarse con otros dos jóvenes cazadores Cheyennes, cerca de la apertura, donde la corriente se volvía más mansa.

“¿Estáis aquí para burlaros de mí “? , les preguntó “¿ O creéis que soy un cobarde y me voy a echar atrás ? ”

Pero los otros dos valientes le respondieron, que no se burlaban y que estaban seguros de que no se echaría atrás .

-No, te equivocas acerca de nosotros. Realmente queremos entrar en la cueva contigo “, dijeron.

Sonrieron y se estrecharon los tres la mano y juntos saltaron por la apertura de la gran cueva. Debido a la oscuridad, les llevó algún tiempo a que sus ojos se acostumbraran a ella, y a continuación, descubrieron lo que parecía una puerta.

El primer bravo llamó, pero no hubo respuesta. Volvió a llamar, más fuerte.

“¿Qué quereis, mis valientes?” preguntó una vieja abuela india, mientras entre abría la puerta un poco.

“Abuela, venimos en busca de suministro de alimentos nuevos para nuestra tribu”, respondió el primer bravo. “Nuestro pueblo nunca parece tener suficiente comida para comer.”

“¿Teneis hambre ahora?” -preguntó ella.

“Oh, sí, abuela, tenemos mucha hambre”, respondieron a la vez los tres valientes.

La abuela abrió la puerta grande, invitando a los valientes jóvenes a entrar.

“Mirar por ahí!” dijo señalando la ventana, para que vieran a través de ella.

Una hermosa y amplia pradera se extendía ante sus ojos. Grandes manadas de búfalos pastaban contentos. Los jóvenes cazadores casi no podían creer lo que veían!

La abuela les trajo a cada uno de ellos, una olla de piedra llena de carne de búfalo. ¿Qué bueno está iban diciendo, mientras comían y comían hasta sentirse llenos.

Para su sorpresa, cuanto más carne de búfalo comían, más se llenaban sus cacerolas de piedra!

“Yo quiero que ustedes lleven sus cacerolas de piedra, llenas de carne de búfalo a su gente del campamento”, dijo la abuela. “Decidles, que pronto voy a enviar algunos búfalos vivos.”

“Gracias, gracias, gracias, abuela”, dijeron los tres jóvenes guerreros Cheyennes.

Cuando los cazadores jóvenes regresaron a su tribu con los dones de la carne de búfalo, su pueblo se alegró por el nuevo alimento. La tribu entera comió con ganas, de esas tres ollas mágicas de la abuela, que mucho agradecieron.

Cuando la tribu Cheyenne despertó al amanecer del día siguiente, las manadas de búfalos habían aparecido misteriosamente, en torno a su pueblo.

Estaban verdaderamente agradecidos, a la vieja abuela india y a los espíritus del cielo, por su buena fortuna.